Salvar la selva

Misiones sacionó una ley de singular importancia para la conservación ambiental, cuyas características y finalidad acaso sirvan para marcar el buen camino a otras jurisdicciones del país y aun de los países vecinos.

Como en toda la región selvática de la cuenca del Paraná, allí la tala desconsiderada de árboles ha mermado de manera extrema las áreas en que subsisten las especies originarias, valiosas en sí e imprescindibles, además, para la continuidad de los procesos de biodiversidad que aseguran la no fácil supervivencia de los animales autóctonos.

La legislación que se aprobó, denominada del “Corredor Verde”, dispone que los aislados sectores selváticos remanentes sean consolidados mediante la implantación periférica de montes adecuados al medio ambiente, y unidos entre sí por “corredores” que permitan el desplazamiento de animales que necesitan de ámbitos extensos para cumplir sus ciclos vitales.

El propósito de la norma es garantizar la subsistencia y la optimización de un tercio del bosque subtropical que todavía subsiste en Misiones, lo que equivale a una superficie de 1.100.000 hectáreas, en condiciones tales que no impidan su uso económico racional y que aseguren, a la vez, el tránsito de especies _como el yaguareté_ cuyo paulatino cercamiento ambiental las ha colocado en riesgo de extinción.

Iniciativa de sumo interés y cuya real efectividad, por supuesto, no podrá ser estimada sino después de realizarse ingentes trabajos y de haber transcurrido un lapso que no puede ser breve, su adopción revela por lo pronto el surgimiento en determinados niveles oficiales de una alentadora inquietud acerca de la necesidad de proteger los restos de la antigua riqueza natural, mediante medidas mesuradas que no pretenden instaurar un impracticable inmovilismo absoluto en las zonas afectadas, ni provocar choques abruptos con los intereses de los pobladores.

Es significativo que la Fundación Vida Silvestre Argentina y el Fondo Mundial para la Naturaleza hayan expresado su beneplácito ante la sanción de esta ley y la hayan calificado como un “regalo a la tierra”, designación con que se han consagrado, en el orden internacional, otros valiosos aportes a la promoción ecológica. Esto es relevante porque señala que, al menos en esta ocasión, nuestro país _por lo común tan ajeno a preocupaciones de ese tipo_ intenta contribuir de manera creativa e inteligente a salvaguardar un espacio dotado por la naturaleza de una excepcional biodiversidad.

Esta disposición da cuenta de la creciente conciencia de la sociedad argentina acerca de la cuestión ambiental, factor influyente, sin duda, en la actitud de legisladores y funcionarios que descubren, por fortuna a tiempo, cómo la selva, vista en un tiempo como barrera interpuesta ante el progreso, puede _por el contrario_ ser encarada como elemento susceptible de generar un nuevo tipo de desarrollo.

LA NACIÓN